La secta del partido humanista y silo
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LITERATURA PARA SUPER-HOMBRES

Punta de Vacas Mendoza 1969

Por Lázaro Covadlo.

No tengo derecho a presentar la "sub-literatura" de Mario Rodríguez Cobo (Silo) sin antes –y de paso para curarme en salud– mencionar algún bodrio "siloísta" que yo mismo pergeñé –en parte– casi 20 años atrás, cuando militaba en la secta. Me refiero a un folleto encuadernado que escribí por encargo del "maestro". Entre las líneas mecanografiadas del texto original (que aún conservo) aparecen numerosas enmiendas y acotaciones de éste, escritas de su puño y letra. Son 124 páginas de propaganda, bajo el sello de la editorial ate, de Barcelona, que asimismo publicó La Mirada Interna, obra firmada por el mismo Silo; un compendio de prácticas del estilo "autoayuda", titulado Autoliberación, el cual se supone que también escribió Silo, aunque lo haya hecho firmar por uno de sus servidores (Luis Alberto Ammann), y otros pasquines de la secta. La editorial ate fue también responsable de la publicación de algunos libros de franca simpatía nazi: Africa Korps, de Erwan Bergot, y Las Waffen SS, de Henri Landemer. Ignoro si dichos autores en verdad existieron.

Me siento compelido a explicar que en aquel tiempo aún no había acabado de descubrir lo ridiculizable que era la secta y su mensaje, ya que creía sinceramente en las versiones escatológicas y en la concepción totalizadora del universo y la vida humana que brindaba el tal Silo. Cada cual decidirá si ese pasado candor me justifica o, por el contrario, me hace más culpable.

El folleto por mí firmado, entonces pensé titularlo "Crónicas de una nueva era", pero Silo decidió que debía ser Crónicas de la Nueva Era, y con ese rótulo salió a la venta. Está dedicado "a todos sus protagonistas, tenaces y valientes luchadores por la expansión de la vida, vencedores cotidianos del sufrimiento y las sombras". Y también "a Silo, que ha abierto el Gran Camino para que todo esto sea posible". Al releer estas líneas, después de tanto tiempo, no puedo evitar la acometida de una fuerte sensación de sofoco. No puedo verme, pero supongo que ahora mismo debo de tener encendidas las mejillas. El bochorno se mantiene mientras reviso otros párrafos:

Pero ahora que el Siloísmo se ha expandido por el mundo sus verdaderos orígenes quedaron desdibujados. Algunos suponen que sus comienzos datan de hace muchas décadas, otros piensan que se inició tan sólo pocos años atrás. Pocos son los que saben de sus auténticas raíces. Cómo empezó, cómo fueron sus primeros tiempos.

Cuando escribí lo anterior no conocía a nadie que le importara saber cuáles habrían sido los "verdaderos orígenes" del Siloísmo. Simplemente, el encargo consistía en generar una falsa leyenda; una mitología virtual. El rubor continua.

Podría intentar consolarme pensando que mis escritos eran los menos macarrónicos en el conjunto de todos los de la secta, pero ni aún así.

Silo, lógicamente, utilizaba un estilo profético. Establecía sus sentencias sin sombras de duda, como corresponde a cualquier iluminado. Con arrogante seguridad afirmaba comprender a todo bicho viviente. Tal vez tenía la convicción de que podía penetrar en la mente de los demás. ¡Sí, era cosa de brujos, velay! Así dice en su libro La Mirada Interna:

      1. Sé cómo te sientes porque a tu estado puedo experimentarlo, pero tú no sabes cómo se experimenta lo que digo. Por consiguiente, si te hablo con desinterés de aquello que hace feliz y libre al ser humano, vale la pena que intentes comprender.

      2. Si bien él pretendía poder experimentar los sentimientos ajenos, no por ello aceptaría que los demás pudiesen disponer de idéntica omnipotencia. El porqué de este extraño fenómeno unidireccional no lo explica. Al menos no lo hace en La mirada interna. Como podrá verse, se trata de versículos numerados, que así es como se escriben los textos con pretensión de libros sagrados. Veamos qué nos dicen los números 2, 3 y 4.

      3. No pienses que vas a comprender discutiendo conmigo. Si crees que contrariando esto, tu entendimiento se aclara, puedes hacerlo, pero no es ese el camino que corresponde en este caso.
      4. Si me preguntas cuál es la actitud que conviene, te diré que es la de meditar en profundidad y sin apuro [quiere decir "sin prisa"] lo que te explico aquí.
      5. Si replicas que tienes cosas más urgentes en que ocuparte, responderé que siendo tu deseo dormir o morir, no haré nada por oponerme.

Como se podrá comprobar, no falta cierta dosis de matonería espiritual propia de los poseedores de la verdad. Por las dudas mejor andarse con cuidado, no vaya uno a morirse. Puede que el hombre haya intuido que se le estaba yendo la mano, porque a continuación trata de arreglarlo, aunque sin perder los papeles:

5. No argumentes tampoco que te desagrada mi modo de presentar las cosas, porque eso no lo dices de la cáscara cuando te agrada el fruto.

De acuerdo, la metáfora no salió demasiado afortunada, pero no puede pretenderse que nuestro amigo, además de profeta sea poeta. Al menos no "sin apuro".

Para que todo quede bien claro, y para que nadie le ponga en tela de juicio la omnipotencia, lo remata de la siguiente manera:

6.Expongo del modo que me parece conveniente, no del que fuera deseable para quienes aspiran a cosas alejadas de la verdad interior.

¿Y qué cosas tan cercanas a la "verdad interior" fue exponiendo Silo a lo largo de su trayectoria? Pues muy diversas. Desde ciertas teorías que sostienen la vocación de la luna por "chupar" las energías humanas, tal como predicara el georgiano Gurdjieff, a la proclama de un supuesto "Poder joven" y la vigencia de una incesante guerra generacional yuxtapuesta a la lucha de clases. En realidad Rodríguez Cobo lo que hizo fue experimentar con sus adeptos cualquier ocurrencia que le pasara por la cabeza; muchas veces las unas se contradecían con las otras en las diversas etapas del transcurrir de la secta.

Antes de escribir La Mirada Interna, Silo se ocupó de pergeñar una suerte de manual de organización, metodología y entrenamiento de grupos en ámbitos urbanos y retiros campestres. Dichos textos fueron recopilados por sus discípulos de la primera hora, y, mecanografiados y encarpetados, conformaron lo que Silo denominó El Libro Rojo. A diferencia de El libro negro, que he citado en el capítulo anterior, el cual se vendía libremente en quioscos y librerías ocultistas y nada tenía que ver con Silo, El libro rojo era secreto: solo para los iniciados de "mayor nivel de estructura". Entendiendo por estructura lo que en otras organizaciones se denomina "cuadros". Como suele decirse, El Libro Rojo no tiene desperdicio.

Veamos ahora cómo instruía Rodríguez Cobo a sus adeptos sobre el modo de captar nuevos seguidores. Así es como lo indica El Libro Rojo:

captación:

Se realiza sobre estas tres ideas:

1º Usted está angustiado y mentalmente enfermo, como todo el mundo, usted debe conocerse y curarse.

2º Las personas están limitadas por sus cinco sentidos y por su desequilibrio mental... Trabajamos para romper esos límites y para desarrollar otros sentidos que la gente desconoce... a ese nuevo estado lo llamamos Supraconciencia y a ese nuevo hombre: Super-hombre.

3º Unicamente los jóvenes sin participación de esquemas y de gentes viejas, pueden lograr esto. Estas ideas se desarrollan de distintos modos de acuerdo a cada situación y según avancen los pasos de captación.

Los pasos son estos:

1º La aproximación:

Debe buscarse en lugares densamente poblados, nunca en villorrios o campos. Aproximarse a partidos de izquierda o de extrema derecha, a universidades, agremiaciones, clubes, lugares de fiestas y reuniones, conferencias y peñas orientalistas. Especialmente la aproximación debe hacerse a compañeros de trabajo.

En general debe buscarse la aproximación a lugares que aglutinen coetáneos para que pueda desarrollarse allí el planteo generacional. Es necesario eludir el trato ante gente de otra edad.

Determinado el ambiente comienza el estudio del mismo y la clasificación de los diversos sujetos. Los más importantes son los disconformes, o sea los desilusionados de todo aquello que los rodea. Ubicados los individuos, se establece con ellos (siempre en apartes personales, eso es muy importante) la primera relación, utilizando cualquier pretexto, y dando siempre la razón al sujeto que interesa. No discutir jamás con él.

2º El contacto:

Una vez interpretado el sujeto [(?)], se lo trata de interesar sobre las ideas básicas. Si se descubre resonancia, se procede a intercambiar direcciones y horarios para futuros encuentros.

3º La frecuentación:

Es durante este paso que se mantienen relaciones ya formales, con el sujeto, insistiendo siempre sobre las ideas básicas, enfocando siempre los mismos temas desde distintos puntos de vista. Se pueden dejar entrever ciertas realidades logradas. Se promete algo muy interesante.

4º La presentación:

Cuando la actitud expectante es favorable, aparece en escena un amigo, que es gran conocedor del tema. Es importante llevar el sujeto hacia el Epónimo y no a la inversa. De este modo se lo saca al captado del ambiente en que se encuentra seguro. La presentación debe ser breve y muy interesante, sobre todo debe ser "sugestiva".

5º La desconección:

Se acerca el momento de insinuar la existencia de otras personas conocedoras del tema que preocupa al sujeto.

De acuerdo a [sic] sus reacciones se deja entrever la necesidad de preocuparse más seriamente de todo eso, para lo cual hay que combinar horarios, ya casi a modo de contacto diario lo cual provoca al sujeto cierta desconección y más conflicto con su ambiente.

Si el "captado" empieza a "buscar" a quien lo capta, si empieza a girar alrededor de él, desconectándose de su antiguo círculo de relaciones e intereses, puede iniciarse el último paso.

6º La crisis:

Desconectado, y a veces en conflicto con su medio, el sujeto busca al captador, que a su vez, desarrolla en él la técnica de la crisis. Esto se logra poniendo en fuga mental al captado: toda la visión anterior de la realidad ha de cambiar bruscamente. Nada de lo que ha hecho ni está haciendo el sujeto tiene sentido. Si está ilusionado de la política, de ella debe desilusionarse. Si del arte, de él debe desilusionarse.

El sujeto no debe conservar ninguna armazón en pie. Sólo la profunda necesidad de cambio interior. Nada exterior puede salvarlo. Si de sus amigos, de su trabajo, de su familia, de sus proyectos, de ellos debe desilusionarse. Las cosas y las acciones humanas son limitadas y enfermas, nada tiene sentido. Cuanto mayor sea la crisis, mayor es la posibilidad de cambio en el sujeto. Si ha llegado a tal punto, se lo relaciona con otros coetáneos que están en su misma situación y se efectúa en ese momento la reunión preparatoria.

En la que ha de estar concentrado el número exacto de miembros para formar una cripta.

Se supone que la captación ha sido realizada por un núcleo inicial. Es decir, Epónimo, Contacto y Seguridad se han distribuido ambientes y personas para actuar individualmente en ellos. A veces el trabajo en equipo de dos, o de todo el núcleo, logra óptimos resultados. Pero eso está condicionado a la amplitud y permeabilidad de los lugares escogidos.

Si por el contrario es sólo un coetáneo el que está en la tarea de organizar la cripta, ha de captar a cinco para entrenar dos (contacto y seguridad) y mantener a otros como reemplazos.

La captación de cuatro se hace aprovechando las amistades del primer captado.

Pero es bueno introducir nuevos elementos para romper las relaciones en cadena, si no se logra esto último puede suceder que el Epónimo dependa del grupo de amigos y no a la inversa.

Pueden romperse las relaciones en cadena introduciendo nuevos elementos y postergando a otros para el primer grupo que ha de formarse de inmediato.

Para terminar, agreguemos que todo coetáneo que se lo busque en lugares que anotáramos en la "aproximación", debe forzárcelo continuamente a abandonar toda afiliación o participación en grupos políticos, gremiales, religiosos, etc.

Así define "maquiavelismo", en su segunda acepción, el diccionario de la R.A.E.: "Modo de proceder con astucia, doblez y perfidia". Sin embargo, Niccoló Machiavelli, quien por cierto tuvo un final desdichado que no pudo evitar pese a su astucia teórica, fue una de las mentes sutiles del Renacimiento y un excelente estilista. Contrariamente, el escrito que acabo de presentar adolece de imperdonables faltas de puntuación y ortografía, y aunque en la nota preliminar prometí respetar mayoritariamente los textos de origen, por simple decoro obvié en este caso transcribir las peores incorrecciones gramaticales. Debe tenerse en cuenta que muchas sectas se integran con una mayoría de analfabetos funcionales. En otra parte del Libro Rojo se mencionan ciertos "herrores", lo cual no debe llevar al lector a la creencia de que el sectario copista –que responde a las señas de Tito de Casas y es autor del libro Todavía hay futuro, también editado por ate– está realmente herrado, como muchos equinos. Habrá que aceptar que hasta los "super-hombres" pueden tener faltas de ortografía.

En el próximo capítulo veremos, en otras partes de el Libro Rojo, cuáles eran los métodos siloístas para formar "super-hombres".

Silo y Parreño contra la bajeza y la lepra

La vocación de tantos seres humanos por cambiar a sus semejantes parece no tener fin; siempre hay alguien que inventa cualquier cosa con la intención de convencernos de que podemos modificar nuestra sustancia original. A continuación presentaré fragmentos del "sexto ciclo" del programa de entrenamiento que diseñara Silo, y que aparece en El Libro Rojo. Este ciclo, igual que los anteriores, consta de seis reuniones y lleva una introducción:

Este último ciclo es notoriamente el más difícil. En cierto modo es el escalón iniciático, porque encierra pruebas difíciles de sobrellevar, desde el punto de vista físico y moral. De todas maneras quien no supere esto, no podrá exigir entrenamiento de nivel superior (...) En los dos ciclos anteriores, los coetáneos seguían con mayor o menor intensidad las prácticas según fuera el grado de interés que aplicaran. Aquí, queriéndose o no, las emociones se disparan de un modo reactivo y casi siempre como "mecanismos de defensa".

Como comentario marginal, diré que en su día participé en estos ejercicios. Es cierto que las emociones se me dispararon de modo reactivo, pero no tanto como ahora, en que al transcribir el texto leo "emosiones" y debo resignarme a la puntuación original. Aquello fue torturante, pero esto puede ser mortal. Sigo con la introducción:

La experimentación metódica de procesos emotivos negativos, dará a los coetáneos la verdadera dimensión de su libertad o de su determinación y dependencia de mecanismos que no controla.

Aquí se verá, claramente, si corresponde el planteo humanista de la "libertad", y de la "elección" o si aquel otro que enseña a considerar al hombre como un nudo de relaciones, como estructura de funciones, como mecanismos, al cual todo le pasa y nada elige.

El hombre podrá hablar de libertad y de elección únicamente cuando conozca su grado de determinación en él mismo y en el contorno que lo oprime. Primero tendrá que conocerse sin justificar hipócritamente su estructura animal y su bajeza.

Luego, cuando se conozca y conozca aquello que le impide subir, tendrá que ganar su libertad.

Quienes crean que tienen algo que perder, es decir, aquellos que desean conservarse como actualmente son; no tienen cabida aquí y se equivocan si continúan.

Para mí lo más gozoso de este texto es aquello de "conocerse sin justificar hipócritamente la estructura animal y la bajeza" Me gusta esta parte del escrito porque me parecía alarmante el anterior exceso de terminología un poco técnica; ya era hora de apasionarse un poco e incluir algo de moral. Todos los inventores de métodos para cambiar a los demás son grandes moralistas, claro que no como Séneca o Kant. Son moralistas como Silvanus Stall. La moral se caracteriza, entre otras cosas, por la propensión de quienes la ejercen en sostener siempre una tabla jerárquica de valores. Cualquier tabla jerárquica. Para los moralistas, su tabla jerárquica de valores es su propia tabla de salvación: sin ella no se sienten seguros en este mundo tan mudable.

A propósito de moral: tengo sobre mi mesa de trabajo un ejemplar encuadernado que contiene los folletines Pedro el temerario y El cáncer de la vida, ambas novelas de D. Florencio Luis Parreño, según indica la portada. El cáncer de la vida viene en dos tomos, impresos los años 1864 y 1873 en la oficina tipográfica del hospicio; no figuran más datos del editor. Lo bueno que tienen estas novelas es que su autor no tiene remilgos en mostrarse omnisciente y se sale cada dos por tres del puro relato para incrustar en medio de la acción sus propias reflexiones, muy al estilo del siglo xix, lo cual a uno le parece de maravillas, que ya está bien de tanta novela moderna escrita por autores que parece que no fuera con ellos. Así es como termina la mencionada novela:

Nos conduele mucho ver á cada instante horribles esqueletos cubiertos con el oropel que fabrica la vanidad, el vicio, la ambicion, la maldad y extravío de los hombres; por eso, y satisfaciendo un deber de conciencia, solemos á menudo hacer un paréntesis en las fábulas de nuestras novelas, para salpicar estas de demostraciones y consejos desnudos acaso de talento, pero basados en la verdad é inspirados por un deseo ardiente de mejorar la condición humana, por un amor á todos los nacidos, que puede llamarse fraternal.

¡Pues claro que sí! ¿Qué importancia puede tener el talento en comparación con la verdad?, sobre todo si ésta se halla inspirada por un deseo ardiente. Puede que hasta el bueno de Silvanus Stall dejara pasar una novela así; con tan buenas intenciones. Aunque lo del deseo ardiente... no sé, no sé qué pensaría él.

Continuemos con los últimos párrafos de El cáncer de la vida:

Pobres, humildes y modestos, jamás se manchará nuestra pluma prestando halago á bastardas pasiones, y ménos imitando esa escuela extranjera que tiende á la corrupcion del sentimiento y de las costumbres, y que algunos intentan aclimatar en nuestro país.

¡Muy bien dicho! Ya se sabe que todo lo extranjero es corrupto y corruptor, o cuando menos sospechoso: Sigamos:

No pretendemos el título de predicadores ni aspiramos á obtener riquezas; por cuya razón, aún cuando nos dirigimos á todos, estamos seguros que nos leerán los ménos; la verdad desnuda, árida y amarga vá siendo un anacronismo entre las sociedades del siglo xix. El que guste de leer novelas donde se intenta justificar el adulterio, la desobediencia filial, la falta de respeto a la ancianidad y la carencia de sumision a la ley y á los actos que emanen de los poderes legítimos, que arrojen nuestros libros con desden. Aun cuando escribamos novelas, tendremos siempre muy en cuenta que somos católicos, españoles, idólatras de nuestros padres y abuelos, amantes de nuestros hijos, y hermanos de cuantos séres existen. A nosotros no nos avergüenza entrar en los templos, caer de rodillas ante el Señor ni declarar á la faz del mundo que en nuestros pechos hay un solo altar erigido únicamente á Dios.

El que no abrigue nuestras creencias, el que no guste de oir la teoría que emana de ellas, lo repetimos, que arroje nuestros libros de las manos; nos causará sentimiento, compasion, pero no por nosotros, sino por el desgraciado que, sordo, ciego y leproso, vuelve la espalda al que le alarga la diestra, le ofrece un consejo y le señala el camino del bien.

Terminamos: ¡Ojalá que el Cáncer de la Vida, como libro, sirva de remedio al cáncer de la vida o moral que empequeñece y mina la existencia de la mayor parte de los hombres, ennegrece sus almas, y las conduce a un mundo de tinieblas que tiene principio y carece de fin.

fin del cancer de la vida

Después de leer estas frases a uno le parece mentira que semejante escritor haya sido olvidado por la posteridad. Don Florencio Luis Parreño... Lo busqué en el Diccionario Bompiani de autores literarios y allí no aparecía, ¡qué barbaridad! Todo por estar desnudo de talento, como si eso fuera importante para la literatura. En cambio sí que puedes encontrar autores talentosos pero dudosa moralidad, como Flaubert o Tolstoi, cuyas Madame Bovary y Anna Karenina pareciera que intentan justificar el adulterio o, cuando menos, no se les ve el deseo ardiente de mejorar la condición humana. En todo caso, Madame Bovary puede despertar alguno que otro ardiente deseo de otra índole, como me ocurrió en la adolescencia según lo conté en el primer capítulo; pero claro, es probable que entonces estuviera sordo, ciego y leproso. ¿Acaso no se ha dicho que la masturbación puede producir ceguera?

Bueno, ya basta de recreo; volvamos a los textos de Silo: es hora de sumergirse y chapotear entre las prácticas de sus ciclos iniciáticos que quizá nos liberarán de la sordera, la ceguera y la lepra. Estudiemos para hacernos "super-hombres". Empecemos con el que corresponde a la segunda reunión del sexto ciclo:

auto observación: (castigo)

Se hace sentar a un coetáneo y se lo ata fuertemente a la silla. Luego se lo venda. De inmediato, comienza a propinársele un fuerte castigo en la cara y el resto del cuerpo, siempre en zonas sin peligro. Debe evitarse igualmente dañar los músculos y aún la piel. No hay que olvidar que el objetivo es proporcionar un fuerte castigo y para esto sobran las palmas de las manos y algunos objetos [El original dice "obgetos", ¡qué tortura! Tito de Casas, nunca te lo perdonaré.] flagelantes pero no cortantes.

En varias oportunidades, Epónimo paraliza el castigo con un golpe, dando tiempo a autoobservarse al castigado.

Todos van rotando. Si hay coetáneas, ellas deben ser las primeras en recibir el castigo y no por esto ha de ser más débil.

El castigado no dispone la conclusión del castigo sino el Epónimo que a su vez puede pedir más violencia, siempre dentro de los límites que se han fijado.

En este sentido, no debe tenerse la más mínima contemplación con los castigados. La autoobservación vale también para los que castigan. En el momento del golpe, estos quedan paralizados, tratando de registrar muy bien sentimientos tales como la "compasión", la "piedad", y a veces el "ensañamiento".

Lo bueno que tenían estas prácticas era que te ahorrabas un dineral en clubes de "sado-maso", "disciplina inglesa" y todo lo demás. En la actualidad el señor Rodríguez Cobo, alias Silo, en aras de la ilusión por convertir a su pandilla de adictos en un movimiento de masas, ya no promueve los ritos de antaño. Las pantallas que posteriormente creó, llamadas Partido Humanista, La Comunidad, Los Verdes Ecologistas y otras de ese estilo, son políticamente más correctas, pero también mucho más aburridas. Transcribiré seguidamente las instrucciones para el ejercicio de la tercera reunión del sexto ciclo.

auto observación: (asfixia)

Se ata a una silla a un coetáneo, se lo venda. Luego otros dos se acercan a la altura del pecho de la "víctima" [el entrecomillado es del texto original], un recipiente grande, con agua hasta la mitad. Un [espacio en blanco en el original] de los cabellos a la víctima y le sumerje (sic) el rostro en el líquido. Epónimo observa atentamente. Al advertir los primeros movimientos convulsivos, golpea, la operación se repite tres o cuatro veces. Todos rotan en las funciones.

Las coetáneas son las primeras en este ejercicio.

Treinta minutos.

Lo de "treinta minutos" no significaba que la "víctima" debiera permanecer durante ese lapso con el rostro en el agua; indicaba el tiempo total del ejercicio. De cualquier modo, no deja de ser una saludable práctica higiénica para quienes no tenían la costumbre de lavarse la cara por las mañanas. Ahora veamos la cuarta reunión:

auto observación: (genuflexión) [¡Dios mío, el original pone "genufleccion"! ¡Qué bestias!]

Epónimo hace que entre los coetáneos más inestables en sus relaciones, se desarrolle el siguiente ejercicio: Uno de ellos de pie, con las piernas abiertas y las manos apoyadas en las caderas.

El otro arrodillado, delante de él, juntando las manos en actitud de súplica y reclinado delante de él. El primero entonces, puede abofetear al arrodillado. La situación deriva siempre (casi) en excusas ridículas que dispersan el clima de humillación, que se desea producir. De todas maneras, se realiza el segundo paso: El arrodillado se inclina completamente y besa con lentitud los pies del coetáneo que está parado [quiere decir "de pie"]. Toda la escena se desarrolla en absoluto silencio. Los coetáneos que actúan deben trabajar intensamente en la auto observación.

Epónimo detiene los movimientos en varias ocasiones, mediante el golpe (una buena oportunidad es el beso de los pies), luego, la situación se invierte: el humillado se coloca de pie y el otro de rodillas, repitiendo la escena. Todos rotan, solo uno queda excluido y es aquel coetáneo que puede producir mayores desconfianzas al resto. Ese humilla, pero no es humillado.

Treinta minutos.

No ha sido más que el aperitivo. Pasemos al ejercicio de la quinta reunión:

auto observación: (beso)

Los coetáneos sentados. Epónimo designa a aquellos que mantienen relaciones "más inestables" entre sí. Pasan al centro del círculo (dos coetáneos cada vez), los designados, proceden a estrecharse en un fuerte abrazo y a besarse largamente en los labios, tratando de vencer todas las barreras interiores y esforzándose por autoobservarse. La operación debe ser lenta y prolongada.

Epónimo puede solicitar su repetición en caso de no haberse dado tiempo a paralizar las acciones por medio de golpes.

Las coetáneas actúan entre sí y los coetáneos entre ellos. En caso de resultar el número impar, debe ser excluido el coetáneo que sea más aceptado por el resto. Si hay una sola coetánea no participa. Si quedan libres una coetánea y un coetáneo, tampoco.

Desde el principio al fin, debe reinar absoluto silencio. En caso contrario, Epónimo suspende el ejercicio pasando al siguiente.

El asunto, como habrá podido verse, iba animándose. La última reunión de este sexto ciclo para entrenar "super-hombres", resultó tal vez la más tranquila:

auto observación: (desnudez)

Epónimo hace pasar al centro del círculo a los coetáneos (uno cada vez) y pide que se desnuden completamente, en cada caso se apela al golpe, a fin de paralizar las acciones. Cuando cada coetáneo termina de desnudarse, vuelve a ocupar su lugar, dejando las ropas apartadas.

Las coetáneas son las últimas en realizar la operación. Luego todos se visten simultáneamente. El ejercicio debe realizarse en absoluto silencio. Epónimo debe interrumpir y suspender la prueba en el mismo instante en que observe actitudes fuera de tono.

Treinta minutos.

Y así es como termina una parte del entrenamiento para hacerse "super-hombres". Estos textos me parecen respetables más por su carácter vesánico que estulto. Al fin y al cabo, la demencia es pariente cercana de la estupidez y ambas comparten la misma oquedad abisal. Transitar por esas regiones es como derivar por el espacio en la vecindad de un agujero negro. Es por eso que, a pesar de que son sólo dos carpetas de hojas mecanografiadas y fotocopiadas, mantengo el Libro Rojo y el Libro de Plata en mi bodrioteca
   

Del libro La Bodrioteca de Covadlo - Nihil Obstat - Marzo de 2000


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